martes, 8 de septiembre de 2015


EL  ÁRBOL DE MI CASA

En la entrada de mi casa, hay un árbol de pumalaca,
Tiene una altura aproximada de unos siete metros,
En un tiempo, fue muy fructífero y muchos degustaron de su generosidad,
Sin embargo, desde hace unos meses, empezó a deshojarse,
Sus ramas se secan y algunas caen, ya no es aquel árbol imponente,
Lleno de vida, que se agitaba con el viento,
Y que manifestaba una sensación de fortaleza.
Antes nos brindaba mucha sombra,
Y mientras cargaba su cosecha, a su pie una alfombra de color rosa lo vestía,
Pero hoy en día sus ramas solo sostienen algunas escasas hojas.
Aunque, aún alberga un pequeño nido, de unos pajaritos,
Que siguen refugiándose durante las noches en el.
Este árbol tiene un gran valor sentimental para mí,
Porque es el único que queda en casa,
Y porque fue plantado y cuidado durante años por mi padre,
Era su árbol preferido, lo cuidaba con esmero y dedicación.
Hoy ya mi padre, no está en este mundo,
Y al verlo, es inevitable recordar a ese hombre, que siempre amaré y extrañaré.
Creo que este árbol, siente así como yo la ausencia de mi padre,
Al verlo y tocarlo, puedo notar su tristeza.
Pues creo que ya no quiere vivir más,
Cuán gratos son los recuerdos que brotan de él,
Quisiera que se mantuviera vivo y fuerte,
Para prolongar y atesorar aquellos recuerdos,
Que no se caen como las hojas, ni son capaces de secarse,
Pues están vivos en el alma, lo cual es difícil de borrar.





Reseña crítica de la novela “La Tregua”

TÍTULO: Una pequeña oportunidad para la felicidad.
Presentación del producto cultural:
“La Tregua” de Mario Benedetti (1960)

RESUMEN EXPOSITIVO DEL TEXTO:

El diario de Martín Santomé, se inicia el 11 de febrero. Martín tiene 49 años y está a un año de jubilarse de su trabajo como contador. Medita sobre el futuro que le espera, es un hombre apagado, triste y rutinario que mantiene una relación distante con sus hijos, tal vez porque no supo ser padre y madre a la vez tras la muerte de Isabel, su esposa. Esteban, el mayor, tenía cuatro años cuando su madre falleció, Blanca no la recuerda y Jaime, el menor, quedó huérfano a los pocos días de haber nacido.

Durante el primer mes del diario, Martín recuerda a Isabel, él tenía 28 y ella 25 cuando murió.  Luego el 27 de febrero, tres nuevos empleados entraron bajo el cargo de Santomé: Alfredo Santini, Rodolfo Sierra y Laura Avellaneda. A esta última la describe siempre como Avellaneda, a quien no considera una preciosura pero pasable cuando sonríe. A partir del mes de marzo, Martín se da cuenta que su empleada Avellaneda es inteligente, trabaja bien, un poco nerviosa e inexperta, pero le gustan sus piernas, los lunares en su cara.

Al inicio del mes de mayo, Martín piensa mucho en Avellaneda. No se atreve a hablar con ella porque aún no comprende lo que le pasa. Él ha pensado que debe ver a Avellaneda fuera de la oficina pero con la apariencia de un encuentro casual. La esperó un par de veces sin éxito en donde ella solía ir a comer, hasta que un día su espera terminó y la invitó a tomar un café. Ella se negó de momento porque tenía cosas que hacer, pero pospuso la cita para otro día.

A partir de ese momento, Avellaneda y Martín dieron inicio a una relación, que comenzó siendo amistosa, pero se fue tornando más seria e íntima conforme el paso de los meses. La relación entre ellos era discreta, los colegas del trabajo desconocían lo que ocurría, así como los hijos de Santomé, pues sentía que sería una relación ridícula ante los ojos ajenos, pues él podría ser su padre. Avellaneda y Santomé acordaron que no habría compromisos ni ataduras, pues ella tenía la vida por delante y Martín, de momento, temía no poder ofrecerle ese futuro.

En junio, Martín se lanzó a la búsqueda de un departamento para tener más intimidad y comodidad con Avellaneda, en cierta forma, deseaba llevar las cosas más lejos y con mayor seriedad. Cuando le enseñó el departamento que rentó a Avellaneda, en principio ella sintió miedo, pero finalmente confirmó que deseaba estar con Santomé y dejó a un lado los prejuicios de vivir con alguien sin estar casada. Blanca le confesó a su padre que había tenido un enfrentamiento con Jaime porque descubrió que él era homosexual. Jaime se marchó de la casa tras haberse peleado con Esteban y sin querer hablar con su padre, pues esperaba los reproches de la familia y no estuvo dispuesto a escucharlos. Tras ese suceso, Blanca se enteró de que su padre salía con Avellaneda, pero no sintió enojo porque había visto un cambio notorio en su padre: la apatía y la depresión habían desaparecido. Martín se sentía halagado de que las dos mujeres más importantes de su vida, se vieran seguido y hablaran sobre él.

Martín y Avellaneda se encontraban en el departamento por las tardes. La relación entre ellos fue madurando y tornándose más amorosa. Hablaban mucho sobre sus vidas y sus percepciones. El 28 de junio tuvo lugar el hecho más importante en la vida de Martín, él le pedía a Dios porque su relación con Avellaneda durará. Nunca en su vida, ni con Isabel ni con nadie, se había sentido tan cerca de la gloria. Piensa que Avellaneda es como una horma que se ha instalado en su pecho y lo está agrandando, lo está poniendo en condiciones adecuadas para sentir cada día más, tiene ternura y se siente orgulloso de tenerla. Su relación era pura, sincera y feliz. Una tarde, Avellaneda no fue al departamento porque sentía que le iba a dar gripe, Martín la extrañaba mucho durante el trabajo, estaba muy acostumbrado a ella y es entonces cuando descubre que desea proponerle matrimonio. Blanca aprueba la decisión de su padre y lo apoya. Los días pasan y Avellaneda no va a la oficina. El diario se interrumpe el 23 de septiembre cuando Martín escribe “Dios mío, Dios mío, Dios mío”, pues no sabe nada de Avellaneda.

Después de 4 meses, en enero, Martin Santomé retoma su diario para reflexionar acerca de Avellaneda. Debido a la gripe, Avellaneda sufrió un ataque al corazón y murió. Cuando el tío de Avellaneda llamó a la oficina para decirle que ella había fallecido, Martín entró en estado de shock y le gritó. Martín no sentía las fuerzas para escribir lo ocurrido en su diario, pero a partir de que lo retoma, hace un recuento desde que conoció a Avellaneda y recuerda que mientras estuvo con ella se sentía feliz, acogido y profundamente enamorado. 

En febrero, Martín tuvo la idea de ir a casa de Avellaneda con el pretexto de hacerse un traje, pues el padre de ella era sastre. Se hizo pasar por el señor Morales, pues sabía que la madre de Avellaneda estaba enterada de su relación. Ambos padres expresaban mucha tristeza en su mirada. Cuando Martín fue a la prueba de traje, sólo estaba la madre de Avellaneda y en el taller había una foto de ella, la cual provocó una inmensa tristeza en Martín, suficiente para que la señora se diera cuenta de que él era el hombre que salía con su hija. Ella le confiesa que Laura era lo único que le quedaba del hombre que había amado y de quien no supo más nunca, pero Avellaneda desconocía la verdad así como su padre adoptivo. La madre de Avellaneda le contó a Martín lo que pasó en los últimos momentos de vida de su hija, pero Martín se lo guarda para sí mismo y no lo escribe en su diario.

Por su parte, Martín cree que Dios le concedió un destino oscuro, ni siquiera cruel, simplemente oscuro. Siente que le concedió una tregua de la cual se resistió al principio por creer que eso pudiera ser la felicidad. Pero no era la felicidad, era sólo una tregua y ahora está otra vez metido en su destino, el cual es más oscuro que antes. El 28 de febrero fue el último día de trabajo de Martín. Los cajones quedaron vacíos, pero en uno de ellos encontró un carnet de Avellaneda. Se lo puso en el bolsillo y se sintió desgraciado. Se acabó la oficina y a partir del día siguiente hasta el día de su muerte el tiempo estaría a sus órdenes. 
“¿Qué haré con él?”

COMENTARIO CRÍTICO:
Me pareció una obra hermosa y fabulosa. Ésta obra me cautivo de principio a fin, pienso que tiene un estilo único. Durante el transcurso de la pieza se mantiene el orden y el ritmo. Es una lectura ágil y entretenida, además de que mantiene cierto suspenso. Considero que “La Tregua” tiene en Martín Santomé a un personaje con mucho carácter y decisión, cuando se propone algo. El tema es apasionante; un hombre a punto de jubilarse y el diario que escribe.

Creo que la obra está bien planeada. El idilio con Laura Avellaneda es el centro de la obra. Esa parte es un segmento cargado de erotismo, amor y romanticismo. Es un fragmento verdaderamente alentador. Nos hace ver que para ser felices sólo hay que intentarlo. Desgraciadamente el que Laura muriera (porque a Martín no le gustaría que dijéramos “falleció”); cierra ese capítulo de la maravillosa vida de Martín y sus deseos de matrimonio.

Algo verdaderamente admirable de su autor Mario Benedetti, es la claridad con la que expresa los sentimientos que se están formando en un momento de la obra. Asimismo, la cantidad de sentimientos e ideas que expresa. Además, el hecho de que la novela sea narrada por su personaje principal, le da muchos detalles a la lectura. No es una narración directa hacia nosotros como si nos lo contará; más bien, es como si nosotros fuéramos el diario a quien le cuenta sus vivencias.

Lo cual es digno de destacar es como el autor plasma la soledad de la edad madura para ese hombre que parece haberlo perdido todo. Su esposa, el ser que más amaba, está muerta y sus hijos, demasiado alejados del padre. En toda esa nube oscura de repente surge una esperanza llamado Laura Avellaneda; o como él la llamaba, simplemente Avellaneda. Ella viene a darle un giro a su mundo y prácticamente le da una razón para vivir. Es más, lo rejuvenece; porque Martín empieza a comportarse como un adolescente que acaba de enamorarse pues Laura despierta en Martín sentimientos que él creía que había enterrado junto a su esposa. Es una novela en su mayoría triste, creo que el personaje es sumamente depresivo y, a veces, carece de valor y de poder de autoridad (como cuando su hijo le dice: “¡Que te importa!” y no tiene valor para reclamarle como se debe).

En muchas partes de la novela, Martín se muestra como un ser frío y crudo. Al parecer esa frialdad es lo que lo mantiene alejado de sus hijos; sin embargo, con Laura demuestra un calor paternal. Ese calor lo asusta porque él aspira a otro tipo de relación. Las energías que gasta en conquistar a Laura son admirables. Energía que tal vez tenía guardada desde la muerte de su esposa; ese amor no es capaz de demostrarlo a nadie más. La relación con sus hijos es lejana, cosa que lo preocupa y lo atormenta; pero no encuentra la solución y no la busca con mucho ahínco. Los últimos días en la oficina, son dolorosos para Martín pero más lo será la soledad cuando deje de trabajar. Martín aparentó que la muerte de Laura no le había afectado pero sufre interiormente.

Esta novela además de enseñarnos que podemos ser felices con tan sólo proponérnoslo; también nos da otra lección importante, que hay que vivir cada instante al máximo porque la vida es muy corta y se puede extinguir en cualquier momento. Quiero agregar que ésta obra de Mario Benedetti es valiosa por diversos motivos: su temática, los valores que plasma en ella, la calidez y nivel de descripción de sentimientos, por la forma como nos mete a las escenas y los escenarios que describe.