martes, 8 de septiembre de 2015


EL  ÁRBOL DE MI CASA

En la entrada de mi casa, hay un árbol de pumalaca,
Tiene una altura aproximada de unos siete metros,
En un tiempo, fue muy fructífero y muchos degustaron de su generosidad,
Sin embargo, desde hace unos meses, empezó a deshojarse,
Sus ramas se secan y algunas caen, ya no es aquel árbol imponente,
Lleno de vida, que se agitaba con el viento,
Y que manifestaba una sensación de fortaleza.
Antes nos brindaba mucha sombra,
Y mientras cargaba su cosecha, a su pie una alfombra de color rosa lo vestía,
Pero hoy en día sus ramas solo sostienen algunas escasas hojas.
Aunque, aún alberga un pequeño nido, de unos pajaritos,
Que siguen refugiándose durante las noches en el.
Este árbol tiene un gran valor sentimental para mí,
Porque es el único que queda en casa,
Y porque fue plantado y cuidado durante años por mi padre,
Era su árbol preferido, lo cuidaba con esmero y dedicación.
Hoy ya mi padre, no está en este mundo,
Y al verlo, es inevitable recordar a ese hombre, que siempre amaré y extrañaré.
Creo que este árbol, siente así como yo la ausencia de mi padre,
Al verlo y tocarlo, puedo notar su tristeza.
Pues creo que ya no quiere vivir más,
Cuán gratos son los recuerdos que brotan de él,
Quisiera que se mantuviera vivo y fuerte,
Para prolongar y atesorar aquellos recuerdos,
Que no se caen como las hojas, ni son capaces de secarse,
Pues están vivos en el alma, lo cual es difícil de borrar.




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